Solo eran miradas en silencio, miradas que decían mucho.

triste

Se moría de ganas por besarla. Todo en lo que pensaba era en sus labios. Cada vez que la miraba, cada vez que sonreía y cada vez que pronunciaban su nombre su corazón daba un vuelco.

No sabía cómo había empezado, simplemente había sucedido. Son cosas que no tienen explicación. Ocurren y ya está. Él solo pensaba en ella, aunque no habían cruzado ni una sola palabra. Pero sí habían cruzado cientos de miradas. Y sus ojos castaños hablaban por sí solos. Nunca le preguntó, pero él conocía toda su historia. Cómo, por qué y cuándo había llegado hasta allí. Nunca le había dicho hola, pero la había saludado innumerables veces con la mirada. Se sabía todos sus gestos de memoria. Aquellos que ella hacía cuando estaba nerviosa, cuando estaba triste y cuando estaba alegre. Sabía que podía pasar por los tres estados en cuestión de segundos. Y todo lo reflejaba en su cara. En su sonrisa, para ser exactos. Nadie se daba cuenta, pero él sabía exactamente qué le ponía nerviosa, qué le entristecía y qué le hacía reír. Conocía perfectamente el sonido de su risa. Le parecía preciosa, cómo no. Y lo más importante, sabía lo que tenía que hacer para hacerla feliz. Sin embargo, ella no lo sabía. No sabía nada de eso.

Se moría de ganas por tocarla. Poder abrazarla las veces que quisiera. Él sabía perfectamente que le encantaban los abrazos y que no recibía muchos a menudo. Deseaba poder deslizar su dedo por su espalda, suavemente, disfrutando de cada uno de los centímetros de su piel. Le encantaría poder descubrir los lunares escondidos por su cuerpo. Él ya se sabía de memoria el número de pecas de su cara. Hasta les puso nombre. Y deseaba hacer lo mismo con los lunares. Y besarlos uno a uno.

Se moría de ganas por conocerla más. Él también sabía que le quedaban muchas cosas por descubrir de ella y estaba seguro que no le iba a llegar una vida para conocerla. Sin embargo, no tenía prisa. Las cosas de palacio van despacio. Él sabía sus miedos, sus sueños y sus planes. Y sabía que él no iba a ser suficiente. Ella necesitaba más.

Solo eran miradas en silencio, no hacía falta nada más. Miradas que decían mucho.

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