El cocodrilo y su tic-tac.

Era una jodida cuenta atrás. Notaba cómo los segundos pasaban y se convertían en minutos. Los minutos en horas. Las horas en días. Despacio, poco a poco, sin prisas veía que cada día que pasaba era una losa más en su camino. Y las losas pesaban mucho. Tanto que se quedaba sin respiración. Notaba como la agonía se introducía en cada parte de su cuerpo. Como la certidumbre le mataba poco a poco. Silenciosamente.

Veía como todo a su alrededor se alejaba más. Al principio se preguntaba si era él el que se alejaba o lo demás se hacía cada vez más inalcanzable. Al principio todo pasaba como si nada, el tiempo se escapaba entre los dedos de sus manos. Era incapaz de darse cuenta. Finalmente dio muestras de resistencia. Como un cuerpo que da las últimas sacudidas antes de entregarse al sueño eterno. Lo intentaba. Lo intentó. Ya había dejado de hacerse la misma pregunta: era él. Ahora la cuestión había cambiado.

Se preguntó si ya era demasiado tarde. Si ya solo debía limitarse a ver la vida pasar. Si ya la vida le dio todo lo que tenía que ofrecer. ¿De eso se trata ya? ¿Se trata de esperar? ¿De veras?

Y ella solo dijo: ¿Por qué?

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