Una pequeña instantánea.

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Sus lágrimas caían a medida que veía una foto tras otra. Había empezado con aquellas en las que solo había una niña pequeña soplando las velas de una tarta de chocolate. Había llegado a aquellas en las que esa niña ya mayor aparecía junto a un chico apuesto que siempre la estaba abrazando con una sonrisa amplia y sincera, y unos ojos que escondían grandes historias, alegres y tristes, de miedo y de risa. No sabía cómo había llegado a esa situación. Esa tarde había empezado a llorar, como muchas otras tardes, con una tontería, un recuerdo que le había pasado por la cabeza durante un par de segundos. Ya se había convertido en rutina. Ella sentada en el sofá viendo cualquier programa en la televisión y, de repente, se encontraba llorando sin parar. Sin embargo, hoy había sido distinto. Hoy había recordado algo, no tenía ningún sentido, y las lágrimas salían con más fuerza que cualquiera de las otras tardes.

Cientos de fotos, tenía cientos de fotos guardadas en preciosos álbumes. Eran recuerdos de momentos alegres, de veintitrés cumpleaños, de amigos, de familiares, de fiestas, de cenas, de viajes, de él…Cada foto le recordaba un momento único y especial, pero también era una puñalada en su corazón, un nudo en el estómago, una pieza de un puzle imposible de montar. Su mirada tropezó con una de las fotos que más le gustaba. Era una foto de ella sola con una gran sonrisa y una muñeca en sus brazos. Se veía feliz. Tendría unos seis años pero recordaba perfectamente el momento en el que le habían hecho esa foto.

-Blanca, mira hacia la cámara, venga –le decía un hombre de unos cuarenta años, cuya cara estaba parcialmente tapada por una cámara de fotos antigua, aunque se podía ver una amplia sonrisa.

La niña se hacía de rogar. Ella seguía peinando a la muñeca con una sonrisa de pilla. Lo hacía a propósito para que su padre perdiera la paciencia, corriera hacia ella para hacerle cosquillas y así obligarla a hacerle caso.

-Blanca, solo quiero una foto –le pidió su padre otra vez. Entonces el hombre dejó la cámara y corrió hacia ella riéndose. La cogió en brazos y le dio una vuelta por el aire, mientras veía como la niña reía y gritaba de alegría. La dejó en el suelo con suavidad y empezó a hacerle unas pocas cosquillas- ¿Ahora me vas a dejar hacerte una foto con el regalo que te trajeron los Reyes Magos?

La niña, riéndose, asintió con la cabeza. Mientras el padre cogía la cámara que había dejado en el suelo. Blanca cogió su muñeca, la peinó rápidamente, y miró hacia su padre, feliz, mientras este sacaba la foto. Unas semanas después, la había puesto en ese álbum de fotos junto con otras fotos que había sacado esa Navidad. Y ahora que estaba mirando la foto, se dio cuenta de lo fácil que era todo cuando era pequeña. Que con la edad todo se empieza a complicar.

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